lunes, 4 de agosto de 2008

Morir en el intento

siempre hay fe y siempre se muere en el intento de sobrevivir

aún hay vida aún respiro aún te quiero luna guerrillera

domingo, 3 de agosto de 2008

De domingos dolororosos


duele como duelen las flores apagadas


en el fin del alba un pétalo se estrella con la luz

duele

estoy en la frontera sigo el camino me tropiezo con un minuto

duele

tiempo que duele y no espera en la sala de espera del tren

duele el paso siguiente la huella de atrás y la de enfrente

ay dolor mío deja de doler tanto

duele la lluvia en el paraguas
duele el resfriado en los zapatos

duele y no calla
es tan ruidoso este dolor
que necesito taparme los ojos para no sentirlo

hoy mi sonrisa estática es diferente a la de los otros días
hoy hasta las muecas de las mejillas me duelen

ay dolor mío cuándo te iras a buscar
otra piedra
otro árbol
otro dolor
otro domingo

duele como duelen las estrellas cuando explotan en el cosmos
duele como duelen los domingos en las arterias

viernes, 18 de julio de 2008

Si tuvieran alas


Para Abril Albarrán









Si las mujeres tuvieran alas
Podrían diagnosticar el tiempo
Sabrían de antemano cuando se aproxima la lluvia
Y dejarían caer sus plumas para que siempre fuera otoño

Algunas serian mas parecidas a los cuervos
Otras sin duda serian refrigeradores voladores
Y otras sólo escobas en el cielo

La mujer de la esquina sería una arpía de colección
La del sombrero blanco una pañoleta movida por el viento

Ah si las mujeres tuvieran alas
No tendríamos aeroplanos
Ni convenciones de helicópteros de guerra
(Ellas no harían conflicto alguno sólo nos verían con ojos de fuego profundo y nosotros con ojos de alta mar desierto)

Lámparas en vuelo
Golondrinas tristes
Amorosas en el aire
Siempre entregándose al próximo huracán

Si las mujeres tuvieran alas nosotros los terrenales
Escalaríamos rasca cielos para poder contemplar sus ojos
Y ellas nos verían desde las nubes
Tan lejanas
Tan celestiales

miércoles, 9 de julio de 2008

El ombligo de la musa




Siempre hay una guerra en su ombligo
miles de soldados que se disputan ese pedazo de luna
cráter inamovible insostenible ingobernable

ese montículo interno pide paz
y yo como buen tirano le pongo los grilletes

Guerrillera



No puedo dejar de escribirla
deletrearla como si fuera el universo
transcribirla poroporporo
colmarla de letras colocarlas por todo su cuerpo
vestirle de vocablos la entrepierna
dibujarla con puntos y comas

y de extrañarla como quien extraña la guerra después de la paz

Usted es la palabra preferida que guardo en la boca (clandestina)
subversiva mantis posada en una flor de concreto
sus ojos son la melancolía de la tarde
es el poema que aún no escribo
el poema que habla de sus labios contra mis labios,
es una lágrima que se revienta en el espacio
es el himno de los que morimos todas las noches
es la otra música (la música de los que luchan por el paraíso)

mi lucha es conquistar sus pies boreales

sus pupilas tienen el color de la tierra mojada
saben a fuego cruzado
huelen a la trémula soledad y a la muerte insurrecta

Yo pongo las estrellas en su ventana
el que implora con el alma desgarrada su regreso
soy el que quema las naves el que pone banderas en el cielo
el que la espera en la orilla del precipicio
el amante incondicional el cómplice inconsolable

soy el que la ama el que la desea
el que pintó una luna en la oscuridad para que ella la viera
soy su escriba el de la rosa sangre
el de la letra uva
el que se arroja al fuego
el que se quema

domingo, 6 de julio de 2008

En la ventana





Mis ojos son los del gato
detrás del vidrio
que ve pasar al ratón
sin poder estirar la garra
y comérselo tras un maúllo

Lo de allá afuera
es un remolino de rostros
Un galgo a velocidad luz
Un ave en busca de un panteón
Las larvas de la identidad
El soliloquio de la tarde

Todo se puede ver
detrás del vidrio
La flor amarilla que se pasea por la calle
La flecha roja que aún no le atina a un corazón
El señor gris de la bufanda gris
Del silencio gris del aroma gris
Que se detiene para ver volar
a la paloma gris hasta el desierto de la esperanza

Mis ojos son los del gato
que ve al pordiosero
estirar la mano
Para que los granizos del invierno
le estigmaticen la palma

Hay una mujer
petrificada en espera del viento veraniego
Un niño la acompaña
El sólo espera que su madre se mueva
para seguir indagando la lluvia
o la lágrima de un padre
ya muerto

Ahí están todos
Los liberales cargando la cruz
Los conservadores maquillados y de tacón
Los perros olfateando las colas
De otros perros
La viuda de la esquina
El maestro que habla solo
por los callejones
El chapopote de los mestizos afrancesados
Los nacionalistas que venden a sus abuelas
por un trago de tequila Mao Tse Tung
Los oportunistas de la religión
Los caudillos del marketing
el pasto las lombrices
Las hojas que se han de comerlas orugas
La tierra y la luz
La luz de un sol
que se marcha hacia el exilio

Mis ojos son los del gato
que prefiere morir de hambre
antes de salir y cazar al ratón















Poema para la mujer que no habla






Eres hermosa como el humo de los barcos que cruzan el pacifico
como la vértebra de la esquina rota
al igual que la canción nunca cantada
o la oración de los mudos
así de hermosa eres

Hermosa
abril que llueve y no deja de florecer charcos
caída y callada
Afonía que termina al llegar al infinito

Complejidad del perfume transparente

Liadísima cabellera
mar destierro

Hermosa y desnuda ante la pupila porosa del concreto
hermosa y constelada pincel de trazo firme
hermosa y fugaz trino de avión solitario

Hermosa
Con ojos que quieren decir algo
Y se quedan quietos
Como reloj en letargo
Como sinfónica en silencio

Hermosa y callada
Callada y caída
Como el mutismo de la nieve

jueves, 19 de junio de 2008

Indescifrable





Cómo le digo
para que las catapultas de mis labios
no suenen a piedras molidas

A dónde me voy a la diestra de sus pupilas
o a la siniestra de sus oblicuos silencios

De qué manera se describe
a la tristeza más profunda
si tengo en la garganta un ladrillo
que no me permite acariciarla con melodías

Cómo descifrar a tan barroca mirada
lustre cielo de pinceladas fugaces
cómo se deletrea a unos ojos que pueden humedecer
la sala de espera del mausoleo
o toda una noche completa

Acercarme a usted no sería tan sólo para contemplarla
(flor umbral principio del deseo)
si me acerco sería para gravitar en sus pétalos
como lo hacen las abejas
para musitarle con las alas todo su tallo

Seré el sempiterno líquido que la moje cuando tenga sed

Cómo le digo para que no suene a venta de enciclopedia británica
Ni a ruego inútil de pecador en la iglesia

De qué manera se zurce a una nube
O cómo se le canta a un gorrión
Cómo besar con boca de ciudad taciturna
a corolas clausuradas

Cómo le digo que usted es la palabra
que aún no descifro
El soplo de la noche
Toda exageración puede ser su boca
Todo río sus muslos
Todas las olas
Todos los vientos

Cómo le digo me hace falta aire y no puedo
Cómo le digo carajos cómo demonios le digo
Toda sulfurosa partida
Un pedazo de mar en su ombligo
El silencio y el eco
El ángel o el dragón

Cómo le digo
Sueño de una noche de mayo
Cómo le digo
Flor que amanece con los ojos desorbitados
Cómo le digo
Pasión y piélago
Fusión y pierna suelta en un puente de piedras medievales
Cómo le digo carajos carajos
Cómo le digo amor cómo le digo
ahora y siempre en la mañana y en la noche
en el fin y en el principio
cómo le digo ahora que me he quedado sin su aliento
chingada madre cómo le digo




Poesía de principio de siglo o vestirse con ropas que no nos pertenecen

Poesía de principio de siglo o vestirse con ropas que no nos pertenecen



Si empezara con la preguntas de siempre, este escrito sería un reciclado de lo que ya se ha dicho. Por lo cuál, no empezaré con preguntas como ¿qué es la poesía?, ¿la poesía es un arma cargada de futuro?, o la tan sonada entre los poetas: ¿qué fue primero el ritmo o la imagen?, etc. Por lo tanto, entraré de lleno con una cita de Roberto Bolaño considerando que a las anteriores cuestiones ya les han dado respuesta a lo largo de los siglos. Bolaño, en su escrito “La nueva poesía latinoamericana” para la revista Plural, indica que:

Por un lado escriben los jóvenes decentes, los de la cotidianidad de toilette, los caligrafistas, los que buscan un status de escritor. Por el otro están los anarquistas, los poetas narrativos y los nuevos líricos marxistas, los vagabundos, los que viven poesía, los que se pasean vestidos de erizos por la cotidianidad pequeño burguesa, a los que les importa un comino el oficio de escritor.[1]

Considero que hablar de una poesía latinoamericana pura sería, más que un error, una blasfemia. Sería desdeñable expresar que hay una conciencia en común entre poetas que comparten la mitad de un continente y mucho más coincidir en que América Latina tiene una voz amalgamada, uniforme. No obsta señalar que la riqueza poética de Latinoamérica del siglo anterior es en sí una gama de multicolores y un banquete de aromas y sabores que van de la vanguardia más esquizoide a la beta clásica de manera que, aún, nuevas generaciones han optado por esa línea.
Bolaño, al enumerar todas esas posibilidades de poeta contemporáneo, se refiere a que no hay una identidad verdadera, una identidad poética latinoamericana. Asimismo afirma que hay división entre los poetas y más entre los jóvenes, pero sí existe una multiplicidad que se ha sometido a los parámetros oficiales y no oficiales, es decir, una diversidad imitadora.
¿Pero la juventud del nuevo siglo necesita imitar? Es obvio que: Toda creación literaria consiste en un tránsito hacia el pasado. Poetas y narradores escriben desde lo ya escrito. Todos reconstruyen a partir de lo construido. Y la historia de las letras es el devenir de una tradición en que las voces, estilos, registros, y cadencias son el sustento de la literatura del presente y de la que se avecina.[2] Si consideramos que difícilmente se podría suscitar en pleno siglo XXI un escrito del todo original y que la influencia de los autores de décadas y siglos atrás fueron los que aportaron la tendencia a seguir y los que la destruyeron –la tendencia–, no veo por qué no seguir influenciándose con ellos. Aunque influir es el poder o la autoridad que ejerce alguien para con otras personas, si hablamos de influencia poética, podríamos decir que ciertos textos o poetas ejercen poder y autoridad hacia nosotros, hacia nuestra obra, hacia nuestra poesía. ¿Es necesaria esa influencia?
Bolaño divide en dos líneas bastante heterogéneas a los poetas latinoamericanos que, por un lado, tienen a los:

hijos de Paz, en México; a los hijos de Girri, en Argentina; a los pésimos parrianos, a los peores nerudianos, a los definitivamente perversos rokhianos, en Chile; a los Cobo Borda trepadores (como diría Scott Fittzgerald), de Colombia; a los jóvenes poetas de la República del Este; de Venezuela; a los hijos de Stalin y Westphalen, del Perú; a los exterioristas católicos, de Nicaragua, etcétera.[3]

Por el otro lado, Bolaño indica otra tendencia de poetas que define como:

un hit parade internacional, que agruparía gente muchas veces contraria entre sí, pero emparentada en un primer punto: la poesía ya no como un cubículo universitario, ya no como un flujo circular de información, sino como una experiencia viva, lenguaje vivo, autopista de cabellos largos.[4]

Estos últimos, agrupados en la poesía subterránea, en la no oficial, en la poesía que se hace en una pulquería y no en un salón de clases de la SOGEM de la UNAM o de la UACM.
Si hacemos referencia al año en que fue escrita La nueva poesíalatinoamericana de Bolaño, nos daremos cuenta de que de eso ya hace más de treinta años; también nos daremos cuenta de que las influencias siguen y de que el cargar con nombres tan pesados como el de Octavio Paz acarrea consecuencias tales como tener Octavitos por todas partes y el que las influencias no tan sólo se quedaron en el escritor de Piedra de sol, sino que también, hoy en día, encontramos Bolañitos y Marios Santiaguitos en el ámbito poético local. Asimismo, encontramos que poetas mayores o poetas menores en sus talleres hacen mini-clones de su persona con sus alumnos y que la poética latinoamericana no se rige con conciencia plena de estética homogénea, sino de individuales intentos de agrupar o de influir a la mayoría de los poetas jóvenes.
Es por eso que la nueva poesía latinoamericana de principio de siglo debe estar consciente de que sin influencia no llegaría muy lejos, pero también debe desembarazarse de las imitaciones y encaminarse hacia una nueva propuesta que tal vez se obtenga con base en una fusión de tesis y antítesis de clasicismo y vanguardia.[5]
Es necesario conocer y darle su mérito a cada una de las voces pasadas, leer y releer hasta tener un cimiento de conocimiento indestructible; después, romper con la catacresis imitadora y seguir con una propuesta tal que traerá consigo nuevas ofertas y nuevas fórmulas poéticas.
Proponer no es igual a imitar; imitar es igual a vestirse con ropas que no nos pertenecen.
Aunque reitero que también es valiosísimo subrayar que la nueva poesía ya ha dado frutos en este comienzo de siglo y entre muchos poetas jóvenes, ya no encontramos esas voces forzadas e imitadoras del pasado; hay propuestas frescas a las cuales se debe apoyar y, en su medida, dispararlas hacia todos los rincones.



[1] Roberto Bolaño, “La nueva poesía Latinoamericana”, consultada el 21 de enero de 2008 en http://www.elinterpretador.net/31RobertoBolano-LaNuevaPoesiaLatinoamericana.html.
[2] Rodrigo Martínez: “Dylan y las ballenas o la transfiguración del poeta”, en Viento en vela, México, X, 2, 26.
[3] Roberto Bolaño, op. cit.
[4] Ibid.
[5] Véase mi “Manifiesto fusionista” en: http://arturosodoma.blogspot.com/.

martes, 17 de junio de 2008

En el escritorio

Para Arturo Sodoma
Un ramo de orquídeas
putrefactas
aromatizan el cuarto.

Asomas la cabeza por la ventana
para arrojar un suspiro.

Pero te asombra encontrarte
en la vereda
siendo asesinado por la apatía.

Abril Albarrán

jueves, 5 de junio de 2008

Manos*




Tengo las manos
tristes y vacías.

Intento reposar el dolor de mi alma
en la sombra de su cabello.

Quisiera besarla en minúsculas porciones
de agua cristalina.

A lo lejos un niño muerto
la mira.

Tengo las manos
tristes y vacías.


























* Publicado en el libro Ausencias 2006